Serrera Wines: viñedos históricos, vinos naturales y una identidad propia en Mendoza
El proyecto mendocino combina tres zonas vitícolas, una línea clásica de guarda y una colección de mínima intervención. El recorrido de Serrera Wines también desemboca en Finca Minimal, donde viñedo, gastronomía y hospitalidad comparten el mismo paisaje.

El viñedo ocupa el centro del relato de Serrera Wines y conecta sus proyectos de Lunlunta, Perdriel y Tupungato.

Ficha de Serrera Wines
Serrera Wines construyó su perfil alrededor de una idea concreta: el vino empieza en la parcela y cambia con cada paisaje. La bodega trabaja con viñedos de Lunlunta, Perdriel y Tupungato, tres zonas mendocinas que le permiten alternar tintos de guarda, etiquetas orgánicas y microvinificaciones de mínima intervención. Esa diversidad, más que una acumulación de productos, explica la identidad del proyecto.
Una bodega pensada desde el viñedo
La figura técnica asociada a Serrera es Hernán Cortegoso, ingeniero agrónomo y enólogo. Un antecedente periodístico ubica tempranamente su trabajo: en 2013, una crónica de La Nación describió una degustación de Malbec y Syrah cosecha 2002 elaborados por el proyecto. La referencia permite observar una continuidad de más de dos décadas, aunque el catálogo y las formas de elaboración hayan ampliado su alcance desde entonces.
El relato institucional pone el énfasis en las tareas manuales y en la recuperación de material vegetal. No se trata de un único viñedo uniforme: la descripción oficial de las fincas distingue suelos, alturas y variedades. Esa geografía organiza el portafolio y ofrece una explicación más precisa que cualquier definición genérica de “bodega boutique”.
El rasgo distintivo de Serrera Wines no está en una sola etiqueta, sino en la convivencia entre vinos clásicos y ensayos de mínima intervención nacidos en parcelas diferentes.
Análisis editorial de Info ArgentumTres zonas mendocinas y funciones distintas
En Lunlunta, Luján de Cuyo, Finca La Serrera reúne un viñedo recuperado cuyo origen se remonta a comienzos del siglo XX. Allí predominan el Malbec y pequeñas parcelas destinadas a cortes. Perdriel aporta Finca Dominante, un espaldero de vides antiguas conducidas en sistema Guyot y cosechadas con maduración tardía. Tupungato, en el Valle de Uco, suma amplitud térmica y suelos aluvionales para variedades blancas y tintas.
Malbec, parcelas pequeñas y recuperación de plantas antiguas.
Vides centenarias, poda Guyot y cosecha entrado el otoño.
Sauvignon, Semillón, Chardonnay y tintas de Valle de Uco.
La combinación permite que cada finca tenga una función reconocible. Lunlunta sostiene la memoria y los tintos estructurados; Perdriel aporta un registro más concentrado; Tupungato amplía la paleta con acidez, blancos y perfiles aromáticos. En una industria atravesada por la procedencia, esa lectura territorial es la parte más sólida de la propuesta de Serrera.
De los vinos de guarda a la línea Minimales
El catálogo actual conserva etiquetas de elaboración clásica —Gran Guarda, Amis, Reserva Malbec y Reserva Bonarda— junto con Mr. Vine y la serie Minimales. Las fichas técnicas de la bodega describen selección de racimos, crianza en barricas y estiba para los primeros, mientras que Minimales recurre a fermentaciones parciales con racimo entero, cofermentaciones, levaduras indígenas y recipientes de menor escala.


Minimales funciona como el laboratorio visible de la marca. Sus ocho referencias recorren Sauvignon Blanc, Tannat, Moscatel Rosado con Criolla Grande, mezclas de campo, Baco Noir, Pinot Noir y Semillón. Time Out incluyó a Moscatel Criolla en una selección de vinos naturales argentinos y destacó su origen en microparcelas. La mención externa ayuda a ubicar esa colección dentro de una conversación más amplia sobre variedades patrimoniales y baja intervención.
Finca Minimal amplía el proyecto hacia la experiencia
En Perdriel, la historia productiva se extiende a Finca Minimal. El espacio integra microbodega, gastronomía a fuego, quesos artesanales, frutales y arte en un viñedo antiguo. Punto a Punto Mendoza informó en 2025 que el proyecto reúne a Cortegoso, los chefs Pablo Russo Torres y Charly Torres, y Luciano Rudman. Esa sociedad desplaza el vino desde la botella hacia una experiencia de finca, sin convertir a Serrera en una cadena gastronómica.
La conexión con la cocina local dialoga con el crecimiento de las experiencias gastronómicas de identidad propia y con el interés por el turismo de cercanía y los destinos del interior. En Finca Minimal, el valor narrativo no proviene de un salón monumental, sino de mostrar procesos, ingredientes y paisaje en un mismo recorrido.
El perfil actual de Serrera Wines
Serrera Wines ocupa un lugar particular entre los proyectos mendocinos: conserva etiquetas de guarda, desarrolla una familia orgánica y sostiene una línea experimental sin borrar las diferencias entre ellas. También cuenta con una tienda directa y presencia en vinotecas, pero su perfil no se reduce al canal comercial. La arquitectura del catálogo permite leer cómo una misma bodega interpreta parcelas y públicos distintos.
Su desafío es mantener claridad entre categorías que suelen confundirse —orgánico, natural, artesanal y de guarda— y sostener información técnica consistente para cada cosecha. La oportunidad está en esa misma complejidad: unir viñedos históricos, variedades menos difundidas y hospitalidad rural en un relato comprensible. En ese cruce, Serrera no abandona la tradición; la usa como base para ensayar otra forma de contar el vino mendocino.