La historia de Volta empieza antes de Volta. Empieza con Luigi Aversa, un inmigrante de Sorrento que llegó en la década del 30, abrió una heladería en La Plata y plantó una semilla que su familia lleva tres generaciones regando. Hoy, esa semilla es Una Altra Volta: una cadena artesanal que combina historia, innovación y la convicción de que el helado bien hecho no pasa de moda.
Un árbol genealógico de heladeros
El abuelo Luigi era de Sorrento. Llegó a La Plata, abrió una heladería artesanal y fue uno de los pioneros del rubro en el país. Su hijo Luis siguió sus pasos y fue más lejos: en 1969, junto a su hermano Pablo Aversa y a Salvador Guarracino —también oriundo de Sorrento y yerno del patriarca—, fundó Freddo en la esquina de Callao y Pacheco de Melo, en Recoleta. Durante décadas, Freddo fue la referencia ineludible del helado premium.
En 2001, en plena crisis económica, el nieto de Luigi —Leandro Aversa— y su hermana Silvina decidieron escribir el siguiente capítulo. Un año después, en 2002, nació Un' Altra Volta: "una vez más" en italiano. El nombre era un guiño a la tradición familiar y, al mismo tiempo, una declaración de intenciones: volver a hacer las cosas bien, con el mismo espíritu que trajo al abuelo desde Sorrento.
El modelo: calidad artesanal sin perder escala
Volta opera con una planta de producción propia en Barracas, desde donde elabora helados, chocolates y pastelería. Esa integración vertical es una de sus mayores fortalezas: controlar todo el proceso garantiza consistencia en la calidad y permite mantener los estándares artesanales incluso a medida que la cadena crece. El chocolate que usan en los productos es de elaboración propia, a partir de cacaos seleccionados de distintos orígenes, con cuatro blends exclusivos: con leche, semi amargo 61%, amargo 69% y amaro 76%.
La propuesta de Volta va más allá del helado: es heladería, cafetería y bombonería artesanal bajo el mismo techo. Los locales operan los 365 días del año, de 8 a 1 de la madrugada, lo que les permite romper con la estacionalidad que históricamente afecta al sector. Esa decisión de no cerrar nunca fue estratégica: convierte cada local en un negocio viable también durante los meses fríos, cuando la demanda de helado cae pero el café y la pastelería la sostienen.
Los sabores que enamoran
El gusto más vendido de Volta es el dulce de leche, seguido por dulce de leche granizado, chocolate con almendras, chocolate y vainilla. Sabores clásicos que la marca dominó antes de animarse a la innovación. La propuesta de siempre convive con una lectura permanente del mercado: qué pide el consumidor, qué tendencias se consolidan, qué nichos todavía no tienen una respuesta artesanal de calidad.
Innovar sin traicionar el origen
Leandro Aversa tomó la presidencia de Volta en 2017 y aceleró la transformación. En 2013 ya había apostado al sistema de franquicias —con un año previo de prueba piloto, análisis de costos y armado de manuales— y fue una jugada que permitió escalar sin perder control. Más tarde, la apuesta fue hacia líneas de producto que respondieran a nuevas demandas del mercado: helados keto, veganos y sin TACC.
Expansión: con paso firme, sin apuro
Volta tiene 45 puntos de venta distribuidos entre locales propios y franquicias, con presencia en Uruguay —donde tiene operaciones en Punta del Este— y planes de desembarco en Madrid y Miami. La estrategia de expansión refleja la filosofía de la casa: crecimiento controlado y sostenible, sin sacrificar los estándares artesanales que hacen a la identidad de la marca. "Si laburás, en algún momento los resultados llegan", sintetiza Aversa.
La empresa opera con dos o tres escenarios siempre activos —el proyectado y alternativas— y sigue de cerca las variables climáticas, que tienen un impacto directo en las ventas: la temperatura óptima de consumo de helado está entre los 20 y los 25 grados. Por encima de ese umbral, paradójicamente, las ventas bajan porque la gente prefiere quedarse en casa. Esa lectura fina del negocio, heredada de tres generaciones en el sector, es parte del capital más valioso de la empresa.
Nacer en crisis, crecer siempre
Volta nació en plena crisis de 2001-2002, cuando los locales cerraban y el consumo se derrumbaba. Esa cuna adversa no fue un obstáculo: fue una escuela. La empresa aprendió desde el principio a adaptarse, a trabajar con múltiples escenarios y a depender del propio esfuerzo más que de las condiciones del contexto. Esa cultura —que mezcla humildad italiana con disciplina operativa— es hoy parte del ADN de la marca.
Casi 25 años después, Volta sigue siendo fiel a ese origen: una empresa familiar con historia profunda, que creció sin perder el alma artesanal, que innova sin traicionar la receta del abuelo y que sigue mirando hacia adelante con la misma convicción del inmigrante que llegó de Sorrento con poco y construyó todo.