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Juan Bautista Alberdi: el padre intelectual de la Constitución y el hombre que dijo "Gobernar es poblar"

Abogado, jurista, economista, político, diplomático, escritor y músico tucumano. Alberdi nació el mismo año de la Revolución de Mayo, vivió más de cuatro décadas en el exilio, escribió desde Chile el libro que se convertiría en el borrador de la Constitución Nacional de 1853 y fue el pensador liberal más influyente del siglo XIX argentino. Murió en Neuilly-sur-Seine, Francia, el 19 de junio de 1884.

Info Argentum Historia · Constitución · Liberalismo · Siglo XIX
1810
Año de nacimiento
Tucumán · Año de la Revolución de Mayo
1853
Constitución Nacional
Inspirada en sus Bases
40 años
En el exilio
Montevideo · Chile · Europa
1852
Bases y puntos…
Su obra maestra

Juan Bautista Alberdi nació el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán — apenas tres meses después del cabildo abierto del 25 de mayo — y murió el 19 de junio de 1884 en Neuilly-sur-Seine, Francia, a los 73 años. Entre esos dos extremos transcurrió una vida extraordinaria: la de un hombre que, desde el exilio, diseñó el andamiaje jurídico de una nación que en buena medida lo ignoró en vida y lo reivindicó después de muerto.

Fue abogado, jurista, economista, político, diplomático, escritor y también músico — compuso la primera pieza para piano escrita en el Río de la Plata — y encarna como pocas figuras de su época la tensión entre el pensamiento y la acción, entre la inteligencia brillante y la marginalidad política. Cada 29 de agosto, en su honor, se celebra en Argentina el Día del Abogado.

Gobernar es poblar.

— Juan Bautista Alberdi, Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, 1852

La infancia y la Generación del 37

Alberdi quedó huérfano de madre a los pocos meses de nacer y de padre a los diez años. Estudió en Buenos Aires, donde accedió a los debates intelectuales de la época, y a principios de la década de 1830 comenzó a frecuentar la librería de Marcos Sastre, punto de encuentro de una generación de jóvenes que cambiaría la historia del pensamiento argentino. Allí, junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez, fundó en 1835 el Salón Literario, embrión de lo que sería la Generación del 37: un movimiento que combinó el romanticismo europeo con la crítica al régimen de Juan Manuel de Rosas y la búsqueda de una identidad nacional propia.

En 1837, el propio Alberdi pronunció en ese Salón el discurso inaugural con el que presentó su primera obra de importancia: Fragmento preliminar al estudio del Derecho. La represión rosista lo obligó a exiliarse en 1838. Tenía 27 años y no volvería a vivir de manera permanente en Argentina hasta 1879 — cuatro décadas después.

La Generación del 37: el movimiento intelectual más influyente del siglo XIX argentino, formado por Alberdi, Echeverría, Gutiérrez y otros jóvenes que se oponían a Rosas desde una perspectiva liberal y romántica. Sus ideas sobre nación, constitución y progreso definieron el proyecto político que triunfó en Caseros en 1852 y se plasmó en la Constitución de 1853.

El exilio: Montevideo, Chile y Europa

Desde Montevideo colaboró en publicaciones opositoras como El Grito Argentino y Muera Rosas, y escribió obras de teatro satíricas sobre el rosismo. Luego se instaló en Valparaíso, Chile, donde trabajó como abogado y periodista, construyó un prestigio profesional propio y siguió de cerca la política rioplatense desde la distancia. Fue en ese exilio chileno donde, en 1852, llegó la noticia que cambió todo: la derrota de Rosas en la batalla de Caseros.

La caída de Rosas desencadenó en Alberdi una productividad extraordinaria. En pocas semanas escribió y publicó en Valparaíso Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, un libro que envió directamente al general Justo José de Urquiza — el vencedor de Caseros — como propuesta concreta para organizar constitucionalmente al país. El texto llegó a tiempo: los constituyentes reunidos en Santa Fe en 1852–53 lo tomaron como referencia central y buena parte de sus artículos pasaron casi literalmente a la Constitución promulgada el 1 de mayo de 1853.

El exilio como laboratorio intelectual: lejos de paralizar su pensamiento, los cuarenta años que Alberdi vivió fuera de Argentina — en Montevideo, Valparaíso, París, Madrid y Londres — le permitieron observar el país con la distancia crítica que quizás hubiera sido imposible desde adentro. Sus obras más importantes, incluidas las Bases, fueron escritas desde el exterior.

Las Bases y la Constitución de 1853

Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina es la obra cumbre de Alberdi y uno de los textos fundacionales del liberalismo argentino. Su tesis central es que el problema principal del país no era político sino demográfico: Argentina tenía un territorio enorme y una población minúscula. La solución era atraer inmigración europea — preferentemente anglosajona — para poblar el desierto, desarrollar la agricultura, construir infraestructura y generar riqueza. De esa premisa deriva su frase más célebre: "Gobernar es poblar."

Alberdi propuso también garantías constitucionales para los extranjeros — iguales a las de los ciudadanos nativos en materia de derechos civiles — , libertad de cultos, libre navegación de los ríos, educación práctica antes que especulativa y separación de poderes. Muchos de estos principios quedaron incorporados en los artículos 14, 20 y 25 de la Constitución de 1853, que en sus líneas generales sigue vigente hoy, con las reformas de 1860, 1866, 1898, 1949, 1957 y 1994.

1837
Fragmento preliminar al estudio del Derecho
Su primera obra importante. Presentada en el Salón Literario de Buenos Aires.
1842
Memoria sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General
Escrita desde Montevideo. Anticipo de sus ideas constitucionalistas.
1852
Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina
Su obra maestra. El borrador intelectual de la Constitución Nacional de 1853.
1854
Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina
Tratado de economía liberal. Libre comercio, inversión extranjera y rol mínimo del Estado.
1872
El crimen de la guerra
Denuncia ética de la Guerra de la Triple Alianza. Su texto más radical y más incómodo para el stablishment político de la época.

La diplomacia y la polémica con Sarmiento

Tras la sanción de la Constitución, Urquiza nombró a Alberdi representante de la Confederación Argentina en Europa. Durante años ejerció como diplomático ante Francia, Inglaterra, el Vaticano y España, logrando acuerdos comerciales relevantes y el reconocimiento de la independencia argentina por parte de la corona española. Fue en esa época cuando entabló una de las polémicas más célebres de la historia intelectual argentina: la que lo enfrentó a Domingo Faustino Sarmiento.

Sarmiento lo llamó "quillotrano" — aludiendo a su residencia en Quillota, Chile — con un tono despectivo que buscaba subrayar su condición de exiliado alejado de la realidad. Alberdi respondió con las Cartas Quillotanas, un texto polémico y brillante en el que desmontó los argumentos de Sarmiento con ironía e inteligencia. La disputa entre ambos — los dos grandes intelectuales del liberalismo argentino del siglo XIX — fue también una disputa sobre el modelo de país: Sarmiento priorizaba la educación como motor del progreso; Alberdi, la inmigración y la libertad económica.

La paz es la ley del progreso de los pueblos. La guerra es su ley de retroceso y de barbarie.

— Juan Bautista Alberdi, El crimen de la guerra, 1872

La Guerra de la Triple Alianza: una voz solitaria

Cuando Argentina, Brasil y Uruguay declararon la guerra a Paraguay en 1865, Alberdi fue casi la única voz pública de peso que se opuso desde el principio. En El crimen de la guerra (1872) argumentó que no existía tal cosa como una "guerra justa": toda guerra era un crimen, y la que se libraba contra Paraguay —un país pequeño, aislado y empobrecido — era una guerra de exterminio. Su posición le costó el ostracismo político definitivo en Argentina: los gobiernos porteños que dominaban la escena lo veían como un traidor y lo mantuvieron alejado de cualquier cargo o reconocimiento oficial.

El crimen de la guerra (1872): el texto más incómodo de Alberdi. Una denuncia ética de la guerra del Paraguay que se adelantó más de un siglo al debate contemporáneo sobre derecho internacional humanitario. En Paraguay, su valentía fue tan valorada que la ciudad de Alberdi — frente a Formosa, a orillas del río Paraguay — lleva su nombre en homenaje.

El regreso y la muerte en el exilio

En 1879, Alberdi regresó a Buenos Aires por primera vez en más de cuatro décadas. Fue elegido diputado nacional por Tucumán y participó brevemente en los debates sobre la Ley de Federalización de Buenos Aires. Pero su salud se deterioró y volvió a Francia antes de asumir definitivamente. Falleció en Neuilly-sur-Seine el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados décadas después: descansan hoy en la Casa de Gobierno de Tucumán, su provincia natal.

La paradoja de Alberdi es que el hombre que diseñó el marco constitucional que permitió organizar Argentina nunca gozó de reconocimiento oficial en vida, fue ignorado o atacado por la clase política porteña durante décadas y murió en el mismo exilio europeo en el que había pasado la mayor parte de su existencia. Esa tensión entre la grandeza intelectual y la marginalidad política es también parte de su legado.

Su vigencia actual: el pensamiento de Alberdi sigue siendo referencia obligada en Argentina. Libertarios y liberales lo reivindican por su defensa del libre mercado y la propiedad privada; constitucionalistas lo estudian como arquitecto de la carta magna; pacifistas lo citan por El crimen de la guerra. Pocas figuras del siglo XIX generan lecturas tan diversas y tan apasionadas.

Sobre Juan Bautista Alberdi

Juan Bautista Alberdi (29 de agosto de 1810, Tucumán – 19 de junio de 1884, Neuilly-sur-Seine, Francia) fue abogado, jurista, economista, político, diplomático, escritor y músico argentino. Es considerado el autor intelectual de la Constitución Nacional de 1853. Fue parte de la Generación del 37 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez, y vivió más de cuatro décadas en el exilio.


Sus obras principales — especialmente las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852) — definieron el modelo liberal de desarrollo argentino basado en la inmigración europea, la libertad económica y la garantía de derechos civiles para extranjeros. Se opuso a la Guerra de la Triple Alianza y escribió El crimen de la guerra (1872). Sus restos descansan en la Casa de Gobierno de Tucumán.

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