Inflación mayorista de julio: el petróleo explica el 0,8% y obliga a mirar el dato completo
El IPIM desaceleró a 0,8%, su menor registro para un julio desde 2019. La caída de 9,2% del crudo y el gas fue decisiva: sin ese componente, el índice habría subido 1,7%.

La baja del petróleo redujo el promedio del índice mayorista de julio, mientras otros componentes mostraron aumentos más altos.
Datos Clave
La inflación mayorista desaceleró a 0,8% en julio, tres décimas menos que en junio y bastante por debajo del 2,1% registrado por los precios al consumidor. El dato oficial fue celebrado por el Gobierno porque se convirtió en la variación más baja desde mayo de 2025 y en el menor resultado para un mes de julio desde 2019. Sin embargo, la composición del índice muestra que el promedio estuvo condicionado por un movimiento excepcional: el petróleo crudo y el gas retrocedieron 9,2% y compensaron aumentos presentes en otros sectores de la economía.
El Índice de Precios Internos al por Mayor, conocido como IPIM, mide la evolución de los productos nacionales e importados que se comercializan dentro del país. No es una réplica adelantada del IPC: observa otra etapa de la cadena, utiliza ponderaciones diferentes y no incorpora del mismo modo los servicios que pagan los hogares. Por eso, una cifra mayorista baja puede contribuir a moderar costos futuros, pero no garantiza que supermercados, tarifas, alquileres o prestaciones al público evolucionen con la misma velocidad durante agosto.
El efecto petróleo detrás del promedio
La estimación difundida por analistas privados ayuda a dimensionar el efecto energético. La baja del crudo y el gas habría restado cerca de 0,9 puntos porcentuales al nivel general. Si se excluyera ese componente, los precios mayoristas habrían avanzado alrededor de 1,7% mensual. Esa comparación no invalida el 0,8% oficial, que refleja correctamente la canasta relevada por el INDEC, pero evita interpretar un shock sectorial como una desaceleración homogénea de todos los costos que enfrentan productores, distribuidores y comercios.
Los productos primarios bajaron 2,2%, impulsados por la energía, mientras los manufacturados y la electricidad aumentaron cerca de 1,8%. Los bienes importados avanzaron 0,5%, una desaceleración frente al 2,3% de junio favorecida por una relativa estabilidad cambiaria. La combinación permitió que los rubros a la baja neutralizaran buena parte de las subas. Para las empresas, el resultado es desigual: una actividad intensiva en insumos importados puede percibir alivio, mientras otra vinculada a manufacturas locales continúa recibiendo variaciones más próximas al dos por ciento.
Por qué no anticipa automáticamente al IPC
La experiencia reciente aconseja cautela. En mayo de 2025, el índice mayorista había mostrado una variación negativa, mientras la inflación minorista siguió en terreno positivo. La transmisión depende de inventarios, márgenes, contratos, impuestos, salarios, tarifas y demanda. Algunos negocios trasladan rápidamente una baja de costos; otros necesitan recuperar pérdidas previas o enfrentan gastos que el IPIM no mide. También puede ocurrir que un descenso internacional del petróleo se revierta al mes siguiente y devuelva presión al promedio sin que haya cambiado la tendencia subyacente.
El Gobierno presenta la desaceleración como una señal adicional de orden macroeconómico. Para sostener esa lectura durante varios meses, será necesario observar si las manufacturas, los alimentos, la energía eléctrica y la construcción reducen su ritmo de manera simultánea. El costo de la construcción subió 2,2% en julio, una referencia que se ubicó mucho más cerca del IPC que del índice mayorista. Esa dispersión demuestra que hablar de "la inflación" como si fuera un único precio puede ocultar realidades muy diferentes entre actividades y hogares.
La estabilidad del dólar también será determinante. Los importados tuvieron una variación contenida en julio, pero una corrección cambiaria puede alterar rápidamente repuestos, maquinaria y bienes terminados. A la vez, una demanda débil limita la capacidad de trasladar aumentos, aunque ese freno tiene costos en producción y empleo. El dato favorable, entonces, convive con una tensión: precios más disciplinados pueden provenir tanto de una mejora de oferta y confianza como de consumidores y empresas con menos margen para comprar.
Para agosto, el punto de comparación será más exigente si el petróleo deja de caer. Un índice cercano a los niveles actuales, con componentes internos también desacelerando, reforzaría la hipótesis de una tendencia más amplia. Un rebote concentrado en energía confirmaría que julio estuvo dominado por un factor puntual. La lectura responsable exige seguir el nivel general, pero también abrir la canasta y distinguir qué rubros suben, cuáles bajan y cuánto pesa cada uno en el resultado final.
Qué mirar en los próximos informes
El 0,8% es una noticia relevante porque reduce presión en una etapa central de la cadena de precios. No obstante, el 1,7% estimado sin petróleo funciona como advertencia metodológica y no como índice alternativo. Ambos datos responden preguntas distintas. El primero describe lo que ocurrió con la canasta oficial; el segundo permite evaluar cuánto dependió el promedio de un solo rubro. La confirmación de una desinflación mayorista sostenible llegará si la baja se vuelve generalizada, persiste en el tiempo y se acompaña con estabilidad cambiaria, actividad y costos internos moderados.
| Indicador | Julio | Lectura |
|---|---|---|
| IPIM | 0,8% | Desaceleró frente a junio |
| Petróleo y gas | -9,2% | Principal factor a la baja |
| Manufacturas y electricidad | 1,8% | Presión interna persistente |
| Importados | 0,5% | Menor variación cambiaria |
Información contrastada con el sistema de índices de precios del INDEC y la cobertura económica de Infobae. Redacción y análisis propios de Info Argentum.