El presidente Javier Milei anunció una nueva reducción de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, en una medida que el sector del campo venía reclamando desde hace meses y que llega en un momento clave para las negociaciones con los productores rurales.
A partir del 1° de junio, las alícuotas de exportación del trigo y la cebada pasarán del 7,5% al 5,5%, una baja de dos puntos porcentuales que, según estimaciones del sector, podría representar un ingreso adicional de entre 300 y 400 millones de dólares en divisas para el segundo semestre del año.
El cronograma para la soja
Para la soja —el principal producto de exportación agrícola del país— el esquema es diferente y apunta al mediano plazo. A partir de enero de 2027, comenzarán recortes progresivos mensuales atados al nivel de recaudación fiscal. Si la recaudación supera la meta pactada con el FMI, los cortes se aceleran; si no la alcanza, se desaceleran.
El Presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, celebró la medida aunque aclaró que el objetivo final del sector es llegar a retenciones cero: "Es un paso en la dirección correcta, pero la meta sigue siendo la eliminación total de este impuesto que ahoga al productor argentino", declaró.
El contexto económico detrás del anuncio
El anuncio llega en un contexto en que el Gobierno necesita aumentar el ingreso de divisas para fortalecer las reservas del Banco Central. La rebaja de retenciones, paradójicamente, apunta a generar más exportaciones a corto plazo —incentivando a los productores a liquidar granos retenidos— aunque implique resignar parte de la recaudación por cada tonelada exportada.
Analistas del mercado agropecuario estiman que hay entre 15 y 20 millones de toneladas de soja sin liquidar en los silos de los productores, a la espera de mejores condiciones. Una rebaja en las cargas impositivas podría destrabar parte de ese volumen en los próximos meses.
Reacciones del sector
Las entidades que forman la Mesa de Enlace recibieron la medida con cautela. Si bien reconocen el avance, señalan que la situación sigue siendo difícil para el productor chico y mediano, que ve cómo sus costos operativos en pesos crecen mientras el tipo de cambio oficial se mantiene relativamente estable.
"Bienvenido el gesto, pero todavía hay mucho camino por recorrer", resumió un referente de Federación Agraria Argentina. La presión del sector continuará hasta que los compromisos de reducción se consoliden en una legislación definitiva, ya que por ahora el anuncio fue realizado por decreto presidencial y podría ser revertido por una administración futura.
El campo argentino representa aproximadamente el 70% de las exportaciones totales del país. Cualquier modificación en las reglas de juego del agro tiene un impacto directo sobre las reservas del Banco Central y, en consecuencia, sobre la estabilidad del tipo de cambio.