Hay propuestas gastronómicas que nacen de un plan de negocios y hay otras que nacen de un recuerdo. La Panera Rosa pertenece al segundo grupo. Detrás del color rosa, los waffles de domingo y las tortas que parecen obras de arte, hay una historia personal que Leonardo Iluane convirtió en una de las cadenas de restaurantes más queridas y reconocidas de la Argentina.
El recuerdo que se convirtió en negocio
Leonardo Iluane es arquitecto. Pero su referencia más formativa no fue una obra ni un estudio de diseño, sino la cocina de su madre. "Mi mamá era pastelera. Me hacía los budines, los bizcochuelos, me decoraba todo. Para mí, todo empezaba en esos aromas", cuenta. Ese recuerdo, combinado con una serie de viajes por Estados Unidos, Francia y Argentina donde descubrió diferentes conceptos de cafeterías y restaurantes, fue la semilla de lo que vendría.
Iluane encontró en un mostrador francés la imagen que buscaba: un lugar cálido, lleno de productos hechos a mano, donde no importara si eran las diez de la mañana o las diez de la noche para comer algo rico. Así nació el concepto non-stop: un restaurante que nunca cierra su carta completa, disponible en cualquier momento del día.
2013: un local en Buenos Aires, una idea diferente
El primer local de La Panera Rosa abrió en 2013 en Buenos Aires. La propuesta era clara desde el principio: productos frescos, elaborados en el día, sin conservantes ni aditivos, servidos en un ambiente cálido con predominio del rosa y mobiliario de madera natural. Una mezcla de estilos que evocaba a la vez una pastelería francesa, un café de barrio y una cocina casera de domingo.
La carta apostaba por lo que nadie había reunido de forma sistemática: pancakes, crepes y waffles como protagonistas, acompañados de platos salados, ensaladas, sándwiches gourmet, tortas artesanales, brunch y una cafetería de autor. Todo en un solo lugar, a cualquier hora. El concepto atrapó rápido, y los primeros locales colmaron su capacidad antes de lo esperado.
Una carta pensada para todos los momentos
El diferencial de La Panera Rosa no es solo un plato: es la combinación. La posibilidad de desayunar, almorzar, merendar o cenar con la misma calidad y variedad, en el mismo lugar, convirtió a la marca en una opción transversal que trasciende horarios y ocasiones.
De Buenos Aires al mundo
El modelo de franquicias fue la clave de la expansión. Con producción centralizada que garantiza la consistencia de la propuesta y elaboración final en cada local, La Panera Rosa creció sin resignar calidad. Hoy opera íntegramente bajo ese sistema en Argentina, mientras que su fundador, radicado en España, lidera el desarrollo de producto, la estandarización y la experiencia del cliente.
El universo crece: la adquisición de PANI
En 2025, Iluane sumó un nuevo capítulo a su historia. Adquirió PANI, la cadena de pastelería creada por Eliana "Pani" Trotta, que incluía tres franquicias en Argentina y una tienda en Miami. Lejos de fusionarla con La Panera Rosa, el plan es relanzar PANI como una marca independiente con cuatro nuevos formatos diferenciados: pizza, cantina, trattoria y un formato que retome la esencia original de la marca.
Esta movida amplía el universo gastronómico del grupo y consolida una estrategia de diversificación que ya tiene probada su capacidad de ejecución con La Panera Rosa. Más formatos, más locales, más países. Pero siempre con la misma convicción de base: la cocina casera, bien hecha, tiene un lugar en todos los mercados del mundo.