El desempleo subió al 7,9% en el segundo trimestre de 2026 y la informalidad laboral trepó al 45%, según el INDEC
El organismo oficial reveló que la desocupación avanzó al 7,9% en el segundo trimestre de 2026, acompañada por un récord histórico de empleo no registrado del 45%.

Los datos del INDEC evidenciaron un deterioro en los indicadores laborales urbanos, con mayor presión sobre el empleo informal y la subocupación demandante.
Datos Clave
El Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió este jueves los resultados oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares sobre el mercado de trabajo correspondientes al segundo trimestre de 2026. El relevamiento arrojó que la tasa de desocupación abierta se situó en el 7,9 % de la población económicamente activa, marcando un incremento de tres décimas respecto del 7,6 % registrado en igual período del año anterior y consolidando un panorama de enfriamiento en la generación de puestos formales.
De acuerdo con las estimaciones demográficas del organismo estadístico, el desempleo afecta de manera directa a cerca de 1,8 millones de personas en los centros urbanos del país que buscan trabajo activamente sin lograr insertarse en el circuito productivo. La tasa de actividad global alcanzó el 48,9 %, impulsada principalmente por el fenómeno socioeconómico del «trabajador adicional», en el que integrantes secundarios del hogar salen al mercado en un intento por compensar el retroceso del ingreso real familiar.
El avance de la desocupación y el impacto del trabajador adicional
El dato más alarmante del informe reside en la precarización del empleo: la tasa de asalariados no registrados o informales trepó al 45,0 %, alcanzando uno de los niveles más elevados de los últimos años. Esta cifra implica que casi la mitad de los trabajadores dependientes carece de aportes jubilatorios, cobertura por accidentes de trabajo y beneficios de salud en la seguridad social, exponiéndolos a una marcada vulnerabilidad frente a las oscilaciones macroeconómicas y tarifarias del país.
Asimismo, la subocupación demandante —compuesta por aquellas personas que trabajan menos de 35 horas semanales pero expresan la necesidad de incrementar su carga horaria— trepó al 8,1 % de la fuerza laboral. Al sumar ambos componentes, la presión global sobre el mercado laboral, que incluye a desocupados, subocupados y ocupados que buscan activamente otro empleo para cubrir sus costos de vida, superó el 30 % de la masa trabajadora urbana.
La contracción de la demanda laboral formal empuja a miles de familias hacia el cuentapropismo precario y actividades sin aportes jubilatorios.
Récord de informalidad laboral y subocupación demandante
El desagregado regional del informe oficial puso de manifiesto profundas disparidades en el entramado productivo nacional. El Gran Rosario encabezó la tasa de desempleo más crítica de la República Argentina con un 11,5 %, perjudicado por la parálisis de la industria metalmecánica, la menor actividad en las plantas de molienda y el freno en la obra civil. Le siguió el Gran Córdoba con un 10,5 % y los partidos del Gran Buenos Aires con un 9,4 %, configurando un cinturón fabril bajo severa presión.
En contraste con los principales distritos manufactureros, las regiones de Cuyo y la Patagonia exhibieron tasas de desocupación sensiblemente menores, con promedios en torno al 4,6 %. El dinamismo de la actividad hidrocarburífera en la cuenca neuquina y la minería metalífera en las provincias andinas lograron amortiguar la caída del empleo registrado, sosteniendo niveles de ocupación por encima de la media observada en el centro del país.
Analistas del mercado de trabajo señalaron que la construcción continúa siendo el sector con mayor destrucción neta de puestos formales, registrando una merma acumulada que supera los cien mil empleos desde el inicio de las restricciones a la obra pública nacional. Si bien los sectores de servicios informáticos y agroindustria sostienen búsquedas puntuales, su capacidad de absorción de mano de obra no logra compensar el saldo negativo de las ramas industriales tradicionales.
Las asimetrías territoriales: Rosario y Córdoba en dos dígitos
El reporte del INDEC cobra singular trascendencia en el marco de las deliberaciones económicas que acompañan la discusión de la política monetaria y cambiaria. La contención salarial y el debilitamiento del empleo registrado operan como factores de freno para el consumo interno, postergando la recuperación de las ventas minoristas y de la recaudación de tributos ligados a la actividad económica formal y bancarizada.
Desde el Palacio de Hacienda sostienen que el proceso de estabilización y desinflación sentará las bases para una reactivación genuina de la inversión privada hacia el primer tramo de 2027. Destacan que las reformas de modernización laboral y la reducción de sobrecostos regulatorios permitirán convertir empleo informal en trabajo de calidad una vez que maduren los proyectos amparados por los regímenes especiales de inversión.
El panorama laboral proyectado para el segundo semestre estará fuertemente supeditado a la evolución del crédito a la producción y a la capacidad del sector privado de reactivar la demanda de personal calificado. Mientras persistan las restricciones de liquidez y la cautela empresarial, la presión sobre los índices de informalidad y subocupación continuará siendo uno de los desafíos estructurales más complejos para la conducción económica nacional.