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Con un golazo y una asistencia de Buendía, el Aston Villa de Dibu Martínez gritó campeón de la Europa League

El marplatense convirtió el 2-0 con un zurdazo espectacular al ángulo frente al Friburgo de Alemania.

Escrito por Martín Solís
14 de mayo de 2026
El marplatense convirtió el 2-0 con un zurdazo espectacular al ángulo frente al Friburgo de Alemania.

Sigo mirando la repetición del segundo gol y todavía no me entra en la cabeza cómo hizo para meter esa pelota ahí. Emiliano Buendía, un tipo que muchas veces vuela por debajo del radar en las convocatorias de la Selección, acaba de darle al Aston Villa la Europa League con un zurdazo que rompió el arco del Friburgo. Fue un 2-0 inapelable, seco, de esos partidos donde sabés quién va a ganar desde el minuto quince.

Llevo más de una década cubriendo fútbol europeo y pocas veces vi a un equipo inglés jugar una final con tanta sangre sudamericana. No es solo que tengan a dos argentinos en el plantel. Es que estos dos tipos marcan el ritmo emocional del equipo.

El arco cerrado de siempre

Hablemos un segundo de Emiliano Martínez. Lo del Dibu ya dejó de ser sorpresa hace rato. Es rutina pura. Hoy sacó tres pelotas que tenían destino de red. Pero más allá de las atajadas, lo que me sigue fascinando de él es cómo achica a los rivales. Hay algo psicológico en su forma de pararse en el área. Veías a los delanteros del Friburgo dudar antes de patear. Nadie quiere quedar en ridículo contra él.

Cuando el árbitro pitó el final, Martínez se tiró al pasto y empezó a llorar como un nene. Agarró una bandera argentina que le tiraron desde la tribuna y se envolvió en ella. Podés pensar que es un poco actuado a veces, pero yo le creo. El tipo vive los partidos a dos mil revoluciones por minuto. Le pone el pecho a las balas y, cuando gana, se desarma. Es una locura tener a un arquero así en la élite.

La noche soñada de Buendía

Pero el título de la película se lo lleva Buendía. Asistió en el primer gol metiendo un pase filtrado ridículamente preciso. Y después clavó ese zurdazo. Fue un desahogo brutal. Me encanta ver brillar a estos jugadores que la reman en silencio. No tiene el marketing de otras estrellas de la Premier League, pero hoy jugó como si la final de la Europa League fuera un partido de solteros contra casados en su barrio de Mar del Plata.

La prensa británica, que suele ser bastante dura con los sudamericanos cuando las cosas van mal, hoy se rinde a los pies de la dupla argentina. Y tienen motivos. El Aston Villa era un club con historia pero que llevaba años sumido en la intrascendencia absoluta. Esta copa les devuelve el orgullo.

Yo, mientras tanto, sigo pensando en lo que esto significa para la Selección Nacional y para el cuerpo técnico que mira todo de reojo desde Ezeiza. Tener a tipos compitiendo a este nivel, ganando finales europeas y siendo figuras absolutas, nos da una tranquilidad enorme. No sé cuánto durará este estado de gracia del fútbol argentino a nivel global. A veces pienso que nos vamos a despertar y todo esto fue un sueño raro. Pero por ahora, disfruto ver a estos pibes levantando copas y gritando dale campeón en idiomas que ni siquiera entienden del todo. Es un lujo que nos tenemos que permitir.