Inflación de agosto: consultoras prevén una desaceleración por la carne, la nafta y el dólar
Las mediciones privadas marcan una moderación frente al 2,1% de julio, aunque el dato oficial del INDEC recién se conocerá el 10 de septiembre.

La estabilidad de algunos alimentos, los combustibles y el tipo de cambio moderó las estimaciones privadas para agosto.
Datos Clave
Las consultoras privadas anticipan que la inflación de agosto se ubicaría entre 1,5% y 2%, por debajo del 2,1% informado para julio. La señal combina relevamientos semanales de precios, expectativas del mercado y una menor presión en rubros que habían impulsado el índice durante la primera mitad del año. El número definitivo todavía no existe: el Instituto Nacional de Estadística y Censos publicará el Índice de Precios al Consumidor el 10 de septiembre.
El comportamiento de la carne aparece como uno de los principales factores de alivio. Después de aumentos que impactaron con fuerza sobre alimentos, las mediciones de agosto registraron mayor estabilidad e incluso bajas puntuales en algunos cortes. También contribuyeron un tipo de cambio oficial con movimientos acotados y combustibles sin ajustes generalizados durante buena parte del mes.
Qué factores moderaron las estimaciones
El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central aporta una referencia amplia. En su última edición participaron 45 consultoras, centros de investigación y entidades financieras. La mediana ubicó el dólar promedio de agosto en torno de 1.512 pesos y proyectó una moderación gradual de los precios durante el segundo semestre. El informe también estimó una mejora de la actividad del 1% desestacionalizado tanto en el tercer como en el cuarto trimestre, luego de una contracción calculada para el período abril-junio.
Una parte del optimismo oficial se apoyó en la inflación mayorista de julio, que fue de 0,8%. Ese indicador mide precios de productores e importadores y no debe confundirse con el costo de vida de los hogares. La canasta minorista incorpora servicios, educación, vivienda, salud y otros gastos con pesos diferentes. Un registro mayorista bajo puede anticipar menor presión sobre algunos bienes, pero no garantiza que el IPC replique el mismo número.
La desaceleración estimada es una señal favorable, pero el IPC oficial y su composición definirán si el cambio puede sostenerse.
Proyecciones distintas, una misma tendencia
Entre las estimaciones privadas existe coincidencia sobre la dirección, pero no sobre la cifra exacta. Analytica calculó un valor cercano al 1,7%, EcoGo trabajó con un escenario del 1,5% y Equilibra colocó la proyección alrededor del 2%. Las diferencias responden al momento de cada relevamiento, la cobertura geográfica, la composición de las muestras y el peso asignado a cada rubro.
Los combustibles representan una de esas variables sensibles. La estabilidad observada al comienzo de agosto estuvo favorecida por el retroceso previo del petróleo, pero el barril internacional volvió a mostrar presión. Si las refinadoras trasladan ese movimiento, el impacto puede aparecer de manera parcial en el cierre mensual o en septiembre. Además del efecto directo en estaciones de servicio, la nafta y el gasoil inciden sobre transporte, distribución y costos logísticos. Por eso, una pausa de precios ofrece alivio inmediato, pero no elimina el riesgo de una corrección posterior.
El dólar funciona como otro canal de transmisión. Un tipo de cambio estable reduce la necesidad de remarcar bienes importados o insumos con referencia externa. Sin embargo, las empresas también observan el costo financiero, la reposición futura y la disponibilidad de mercadería. El REM espera una variación cambiaria moderada hacia diciembre, pero las consultoras condicionan sus pronósticos a que no surja un episodio financiero significativo. Una mayor volatilidad podría alterar rápidamente la inflación núcleo, incluso si alimentos frescos o productos estacionales continúan mostrando una evolución favorable.
El impacto sobre los hogares y lo que falta medir
Para los hogares, una desaceleración importa cuando se sostiene y permite que salarios e ingresos recuperen capacidad de compra. Un índice mensual más bajo no implica que los precios retrocedan: significa que aumentan a menor velocidad. El efecto sobre el consumo depende de la evolución acumulada, las paritarias, el empleo y el costo del crédito. En familias que destinan buena parte de su presupuesto a alimentos, vivienda y transporte, las diferencias entre el promedio estadístico y la experiencia cotidiana pueden ser amplias. Por eso, la composición del dato será tan relevante como el nivel general.
La discusión política también estará marcada por promesas anteriores de llevar la inflación a valores cercanos a cero. Las proyecciones actuales muestran una mejora respecto de julio, pero permanecen lejos de un registro inferior al 1%. Los economistas señalan que forzar una baja adicional mediante tasas reales muy elevadas podría profundizar la debilidad de la actividad. El desafío consiste en consolidar la estabilidad sin generar desequilibrios cambiarios ni frenar la recuperación. Esa tensión explica la cautela incluso entre analistas que esperan un buen dato para agosto.
Durante la última semana del mes habrá que observar alimentos, combustibles, tarifas y tipo de cambio. Después, el informe del INDEC permitirá comprobar qué rubros explicaron la variación y cuánto aportó la inflación núcleo. Si el índice efectivamente queda por debajo del 2%, confirmará una desaceleración mensual, pero todavía será necesario evaluar su continuidad. La prueba más exigente no será un único número, sino una secuencia de registros bajos acompañada por recuperación de ingresos y actividad. Hasta el 10 de septiembre, el escenario es favorable, aunque permanece abierto a revisiones.