Me resulta imposible ver lo que pasó hoy en el Congreso y no leerlo como una declaración de guerra interna. Patricia Bullrich presentó su declaración jurada patrimonial con un mes entero de anticipación. Un trámite burocrático, sí. Pero en política, y especialmente en este momento del país, los trámites nunca son solo trámites. Fue un mensaje directo, calculado y bastante ruidoso dirigido hacia Manuel Adorni, el Jefe de Gabinete.
Llevo años cubriendo los pasillos del Senado y conozco cómo se manejan los tiempos acá. Nadie presenta un papel antes de la fecha límite a menos que quiera dejar en evidencia al que todavía no lo hizo.
Hace semanas que distintos sectores vienen presionando a Adorni por las demoras en la publicación de la actualización de sus bienes. La excusa oficial siempre ronda los "tiempos administrativos". Bullrich agarró esa excusa, la hizo un bollo y la tiró al tacho frente a las cámaras.
"La transparencia se ejerce"
Eso fue lo que dijo frente a los micrófonos en el Salón Pasos Perdidos. "La transparencia no se declama, se ejerce". Me pareció una frase armada, pero no por eso menos efectiva. Sostuvo la carpeta con los sellos de la Oficina Anticorrupción como si fuera un trofeo. Me pregunto qué habrán pensado en la Casa Rosada viendo esa transmisión en vivo.
Lo interesante de esto no es la declaración jurada de Bullrich en sí. Los números de su patrimonio probablemente sean los mismos de siempre, ajustados por inflación. Lo que importa es la presión que acaba de meterle al Ejecutivo. Los dejó sin margen de maniobra. Si Adorni sigue demorando, la narrativa se le vuelve en contra muy rápido. Y en política, la credibilidad es un recurso que se gasta fácil pero cuesta horrores recuperar.
Reacciones en el oficialismo
Hablé con dos diputados del oficialismo un rato después de la conferencia. Trataron de minimizar el tema. Me dijeron que las presentaciones se van a hacer "cuando manda la ley" y que lo de Patricia fue puro humo mediático para ganar portadas de diarios. Tienen razón en que fue un show mediático. Pero el show funciona.
Es evidente que hay una molestia profunda. Esta no es la primera vez que hay roces entre las distintas alas de la coalición gobernante, pero pocas veces lo hacen tan público y de manera tan elegante. No usó insultos, no rompió bloques. Simplemente entregó un papel a tiempo y dejó que el silencio del otro lado hablara por sí solo.
Honestamente, no sé cómo va a escalar esto. Quizás mañana Adorni presente todo y el tema muera en 48 horas. O tal vez esto es el principio de una fractura mucho más grande de cara a las elecciones de medio término. Lo único seguro es que esta semana las reuniones de gabinete van a tener un clima espantoso. Me quedo pensando en lo frágil que es a veces el equilibrio de poder, y cómo un simple formulario de la AFIP puede mover el tablero más que un debate legislativo de diez horas.